La dictadura de lo políticamente correcto

Los años pasan y pasan, pero más bien al contrario creo que vamos retrocediendo como los cangrejos gracias al buenismo falsario que mucho se pregona pero que pocas veces la gente se lo aplica de manera individual. La estigmatización de los individuos la podemos encontrar en unos casos dependiendo de la ideología política y en otros según la posición que tomemos sobre el tema que se nos plantee.

El pensamiento políticamente incorrecto puede acarrear diferentes circunstancias, la primera, que te insulten o amenacen, la segunda que acaben ejecutando esa amenaza y como postre, el recibir apelativos tales como: fascista o facha, y eso sin olvidar al típico energúmeno que acaba acordándose de tu madre por no apoyar su discurso, que de esos, haberlos haylos. La palabra tolerancia en pleno siglo XXI acaba convirtiéndose en una simple utopía o más bien en un oasis dentro del desierto puesto que en la gran mayoría de los casos aquellos que piden respeto al pensamiento diferente son los primeros que escupen sapos y culebras con el que no actúa o razona como ellos.

Hoy en día, si criticas alguna de las doctrinas que tiene cualquier tipo de corriente ideológica, automáticamente viene el insulto y si eres contrario a todo lo relacionado con lo ilegal, pasa exactamente lo mismo, pero eso sí, muchos de los que predican con esos planteamientos demagógicos, son los primeros que en el momento que les piden implicación económica en cualquier tipo de actividad relacionada con esas situaciones acaban haciéndose los tontos y no aflojan ni un mísero euro para la causa que tanto apoyan de boquilla.

En una sociedad como en la que vivimos no pensar de manera políticamente correcta nos puede llevar a ganarnos enemigos, odiadores o incluso la ruptura de relaciones de cualquier tipo (sentimentales o amistosas) por tanto ante este tipo de circunstancias solo nos queda actuar de dos formas: Omitir nuestros pensamientos para evitar el linchamiento social o por el contrario, no cortarnos ni media y acarrear con todas las consecuencias que nos puede traer el elegir esta opción, como pueden ser las mencionadas con anterioridad y a estas les añado la campaña de desprestigio que pueden intentar hacer hacia tu persona en caso de ser un personaje público o alguien que pueda tener una gran relevancia social.

Desde luego que el pensamiento políticamente correcto si hay algo en lo que te beneficia es que te hace vivir en modo zen de manera constante puesto a que, si no discrepas con el buenismo contarás con: cero líos, cero conflictos y todo será como la Casa de la Pradera pero eso sí, callándote las injusticias y tus principios, ¿realmente te encontrarás cómodo contigo mismo sabiendo todo lo que se oculta gracias al silencio y a la omisión de las informaciones que se hace con todo lo asociado a lo políticamente correcto? Vosotros decidís, yo soy contrario a lo políticamente correcto.

Artículo de Jonathan Turrientes recogido del medio de comunicación Tribuna Libre

Que vuelva el Grand Prix con Ramón García

Con motivo de la entrevista al periodista Borja Terán, Ramón García en el programa que presenta ‘En compañía’ del canal CMM hizo una serie de declaraciones que no han provocado indiferencia en los medios de comunicación de tirada nacional, sobre el posible retorno de ‘El Grand Prix’ ese programa tan veraniego como divertido que a tantas familias reunía en las noches cálidas de verano hace ya la friolera de 14 años.

No fueron muchas las declaraciones sobre ‘El Gran Prix’ pero sí que fueron bastante claras y contundentes en las que Ramontxu dijo el motivo principal por el cual no aparecía en parrilla un formato nuevo que ya tenía preparado sobre este programa veraniego: El miedo de las televisiones a los grupos animalistas.

Cualquier persona que haya seguido la trayectoria de Ramón García sabe la nobleza y la bondad que le caracterizan y que jamás sería capaz de dañar ni perjudicar a nadie. Alguien como él que transmite tanta dulzura con los niños y los abuelos es imposible que perjudique a un animal y de hecho el propio productor, director y presentador de ‘El Grand Prix’ cuando ofrece a colectivos animalistas a que acudan para comprobar el buen trato que reciben los animales la respuesta de estos a su ofrecimiento acababa siendo siempre negativa, algo que demuestra que ya la cuestión es criticar por criticar.

Entiendo que haya que tener respeto a los animales porque son seres vivos al igual que las personas, pero también hay que plantearse que no todo lo que se haga con ellos tiene que ser con fines perjudiciales. Hemos llegado a un punto en el que se tiene piel fina con todo hasta tal punto que seguramente como montes a un caballo acabarás siendo estigmatizado como maltratador de animales. Señores de las cadenas de TV desde aquí me gustaría reivindicar mi apoyo absoluto a este maravilloso programa en el cual se fomentaban una serie de valores como son: El compañerismo, el humor, la diversión y que además servía para generar turismo ya que los participantes solían ser los alcaldes y habitantes de los distintos pueblos que tiene la geografía española. Un programa así, merece volver y por la puerta grande.

Artículo de Jonathan Turrientes recogido del medio de comunicación Tribuna Libre

Hay vida después de la universidad

Tras finalizar la formación académica son muchas las personas que se plantean la siguiente pregunta: ¿Qué será de mi ahora? Puede que seas graduado en periodismo, en medicina, odontología o en cualquier carrera o pseudo carrera de las que abundan hoy en día, pero esa es una cuestión que todos nos hemos planteado alguna vez en nuestra vida. A este tipo de situación la denomino la inseguridad del polluelo puesto que acostumbrados a la vida madre universitaria el ex estudiante tiene que pasar a un rol mayor que nada tiene que ver con el anterior, a ser un trabajador hecho y derecho cuya finalidad es obtener un sueldo digno para poder a medio-largo plazo independizarse.

De la universidad se sale con unos conocimientos los cuales acabas viendo que nada tienen que ver con la vida real puesto que la teoría y la práctica no van unidas de la mano cuando tienes que ponerte el mono de trabajo y eso suponiendo que acabes ejerciendo la profesión que estudiaste, cosa que no todo el mundo lo acaba consiguiendo ya que son muchos los abogados, periodistas o graduados de todo tipo los que acaban trabajando en grandes almacenes u otros trabajos que nada que ver tiene con lo estudiado.

La vida después de la universidad consiste en un cúmulo de decisiones que uno mismo debe de afrontar y esas mismas pueden conllevar a que triunfes o fracases. Las preguntas clave que hay que hacerse son: ¿Ejerceré de lo estudiado? De ser así, ¿Cuánto tardaré en estabilizarme en la profesión que me he formado? ¿Ganaré lo suficiente como para vivir de ello?

Muchas veces pasaremos por hándicaps causados por no lograr el éxito a la primera o por sentirnos rechazados por la gran cantidad de veces que hemos acudido a entrevistas de trabajo en donde nos han dado la palmadita en la espalda por no dar el perfil que buscaban los entrevistadores para la empresa en cuestión. Pero eso no significa ni significará que haya que renunciar a los sueños tras varios rechazos sobre todo cuando se está en ese periodo de transición en el que el ex estudiante busca desvirgarse en el mundo laboral.

La paciencia y la constancia deben de ser algo más que palabras para conseguir alcanzar la meta de conseguir el trabajo deseado. Siempre he dicho que quien posee el talento más tarde o más temprano acaba ejerciendo profesionalmente de lo suyo y por ello, quiero animar con este artículo a todas las personas que se sienten inseguras tras finalizar su formación académica porque como bien decía el escritor griego Nikos Kazantzakis: Para tener éxito, primero debemos creer que podemos tenerlo.

Artículo de Jonathan Turrientes recogido del medio de comunicación Tribuna Libre

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